CHERNOBYL, BULLYING Y LOS PLANETAS

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“Una debacle nuclear, que además ha sido cierta, siempre promete.”


Hará cuestión de dos meses -más o menos- que Chernobyl (serie de HBO) se puso de moda. Los 80 siempre vuelven… Como todo fan huérfano de Game of Thrones tras la última -y más decepcionante si me permitís- temporada, andaba necesitado de cualquier lance cinematográfico que pudiera llenar tan hondo vacío. Así que me sumergí ansioso en esa serie que ensalzaban los titulares de aquellos días. No habría espadas, fantasmas y dragones, pero una debacle nuclear, que además ha sido cierta, siempre promete. La inclinación salvaje por lo gore lo llevamos demasiado adentro.

Sin ánimo de hacer spoiler, la serie no es para nada un sustituto de la historia que inmortalizó el grito de guerra “Winter is comming”. Pero me flipa mucho la estética, la narración de una historia que asusta imaginar que aún pervive y la fotografía que hace de los sistemas tiránicos. Siendo yo un obrero dedicado al estudio y ejercicio de la mente encontré, además, un especial interés en esto último. Y de algún modo me acordé de lo que he sentido trabajando con supervivientes del acoso escolar (bullying para los más internacionales).

Aún muchos centros escolares tienen esa estética entre cuartel militar y centro parroquial que no extraña ese férreo sentimiento de grupo que emana de algunos miembros de la comunidad. Asusta la semejanza a un campo de batalla, con numerosos frentes abiertos, fuego cruzado entre diferentes bandos y una atmósfera hostil que puede divisarse de lejos. Allí uno aprende rápido que el mejor modo de salir ileso se resume en cinco palabras: la ley del más fuerte. Pero cuando algún elemento externo pone a prueba la cohesión del sistema (y por elemento externo pongamos por caso la investigación de un caso de bullying) renace un sentimiento patriótico -que parecía extinguido- para proteger la comunidad de toda amenaza externa.

“Cuando algún elemento externo pone a prueba la cohesión del sistema renace un sentimiento patriótico que parecía extinguido.”

Y eso -entre otros paralelismos- es lo que pasa en Chernobyl. Explota el reactor nuclear de la central a causa de un error de diseño que el gobierno conocía y la estrategia de los responsables para resolver el problema radica en ocultar la verdad. Primero niegan la evidencia, después intentan ignorarla para finalmente acabar falseándola, represaliando a todo aquel que se interpone en el camino.

Internamente, se gestiona el problema manejando cifras de cadáveres como el que juega a Fortnite. Y pese a que el funesto deliz acaba arrasando hectáreas de vida (personas, animales, bosques, ríos…) lo que parece escocer más a las autoridades es la gran amenaza para la madre patria. Así que se organizan diligentemente para conservar el poder a través del fraude, haciendo de la chapuza y la inmoralidad el núcleo de la solución.

Y entre tanta perversión, servilismo y miseria, algunos personajes se inmolan intelectual y físicamente para tratar de salvar el continente -casi diría el planeta- de una hecatombe mayor. Voces expertas asentadas en la ciencia y con un indomable sentido crítico que no sucumbe al miedo.

Y como sucede con el acoso, aunque la mayor parte de la población lo dé como un problema pretérito y casi extinguido, la contaminación sigue latente. Porque lejos de apagarse el núcleo de la radiación, hasta ahora sólo se ha podido tapar. En 2016 se renovó el sarcófago que cubre el reactor. Dicen que su durabilidad es de 100 años, pero quién sabe...

Estoy seguro que de ver la serie muchas familias que he conocido a raíz de la violencia que brota de las aulas se sentirían macabramente retratadas. Sólo que en su caso el escenario, el gobierno y los personajes adoptarían identidades bien distintas. Pero con un hilo narrativo terroríficamente afín.

Cierro el telón con aquellos versos de Los Planetas en Islamabad:

“Ahora tú lo que quieres es dividirnos

Porque tienes miedo de perder tu sitio, sabes que sin violencia estarías perdido

Y le metes tu mierda de miedo en el hocico a los ignorantes y a los corrompidos

A gregarios y serviles a los que has dormido

Con tele mala y con ansiolíticos”.

Francisco JódarComentario