CAFÉ, SUSHI & SUPERSUBMARINA

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“¿Qué es lo que te sostiene?” Así llegábamos ayer al punto álgido de una sesión terapéutica. Una sesión de esas en las que siento que más que una conversación terapéutica lo que tenemos entre manos es una conversación filosófica. Sin más. Con “sin más” me refiero a que el efecto terapéutico es una consecuencia (o no) del diálogo.

Dice Mark Manson algo así como que la esperanza es ese invento que hemos creado para distraernos de una verdad incómoda: la inexorable desaparición de nuestra existencia. Que nos angustia y desconcierta tanto ese vacío en el que caemos al tomar en cuenta la inminencia de nuestra muerte, que recurrimos a ese concepto que la industria de la autoayuda ha encumbrado como “el propósito de vida”.


La esperanza es ese invento que hemos creado para distraernos de una verdad incómoda: la inexorable desaparición de nuestra existencia.

Y lo j*dido de todo es que quizá la vida no tenga un propósito. Quizá el único propósito de la vida sea la vida en sí. Y que cuando se cierra el telón lo único que hay es “nada”. Así lo expresaba una amiga que estuvo al borde de irse al otro barrio, “sin más”. Sin más se refiere a que no hubo túnel, ni luz al final del túnel, ni ángeles custodios, ni resumen ultrasónico de todos los recuerdos vividos.

A mí lo que me sostiene cada semana es el café y el sushi. Me tranquiliza saber que puedo tomarme cada día una taza de café bien rico. Últimamente me he unido al club de los que lo hacen sin azúcar. Me da una especie de “status”, de persona privilegiadamente consagrada por la cafeína. Eso sirve para la mayor parte de la semana. Conforme se acerca el fin de semana me excita sólo pensar en la idea de que compraré un pequeño paquete de sushi en Casa Ametller. Para los que no sepáis de lo que os hablo porque vivís fuera de Cataluña… sorry, no sabéis loque os perdéis.

Y así pasa mi semana, sostenido entre dos pilares que le dan un sentido gastronómico a mi existencia.

La cuestión es: ¿qué pasaría si de pronto mi médica de cabecera me dijese que padezco una alergia bestial y repentina al café y al sushi? ¿Qué me sostendría a partir de ese momento? Estaría j*dido, muy j*dido. Así que me vería obligado de nuevo a bucear en el océano del “propósito de vida”, tirando el dinero en libros de autoayuda semiplagiados, perdiéndome en centenas de minutos de charlas de gurús futuristas, recordando otras derrotas y fracasos pasados… Tratando de buscar una señal, algo que sirva como luz.

Y así estaría desperdiciando un tiempo -que no tengo- en descubrir algo que puede que ni siquiera exista. “¿Y si no hay propósito? ¿Y si todo esto es el empeño de mi ego de perpetuarse en un viaje que le lleva necesariamente a la extinción? ¿Y qué es el ego? ¿Quien soy yo?” ¡J*der, otro puñado de minutos tirados en una crisis existencial que no tiene fin!

¿Algo que sirva como luz? Entonces me vienen esos versos de Supersubmarina:


“No me faltes, ya no sé muy bien qué darte

Sólo tengo hueso y carne

Tengo que recuperar el alma que ahora mismo está en el aire

Me resulta inalcanzable

Se diluye en un instante

Tengo que recuperar algo que sirva como luz.

Algo que sirva como luz.”


Y de algún modo todo tiene sentido, aunque nada tiene sentido.

Y de algún modo todo tiene sentido, aunque nada tenga sentido. Tiene sentido porque vuelvo a sentir. Me alejo del pensamiento, me distancio de la convulsa actividad de mi mente pretendiendo consagrarse rechazando su volatilidad; y vuelvo al cuerpo. Vuelvo a ese lugar sagrado donde nada tiene por qué tener sentido, porque ése es el sentido: vivir, sentir, dejarse llevar, experimentar, probar y volver a sentir. No importa el destino.

La vida no tiene que ser algo que trascienda la frugalidad. Puede que todo sea algo más práctico. Destinar el tiempo y la energía a todo cuanto emerja frente a nosotres. Y llegar al fondo de ello, sin postergarlo.

Saber que vas a morir lo cambia todo. O quizá tan sólo hace que lo vivas de forma más auténtica.

Se me acaba el café y ya huelo a sushi: se acerca el sábado.

Algo que sirva como luz...

Francisco JódarComentario